Blog

Alimentos en la cubierta

brooklyn-grange_w

Huerto en la cubierta de edificios industriales con vistas del skyline de Manhattan. Brooklyn Grange

En los últimos años, en diversas ciudades españolas, europeas y americanas, los huertos urbanos han experimentado un gran crecimiento en cantidad, superficie, número de personas dedicadas a trabajarlos y, naturalmente, también en producción de verduras y frutas. Las razones de estos cambios, apuntan los propios organizadores de las iniciativas de expansión, se centran en la búsqueda de una alimentación más sana y con menor impacto ambiental, el deseo de dotar a la ciudad de más espacios verdes y áreas de retención de lluvias, así como en la necesidad de proporcionar ocupación y esparcimiento a muchas personas que carecen de ellos. Las ciudades en que esto ocurre son tan variadas en composición social como diversas en cuanto a su ubicación geográfica: Glasgow, La Habana, Nueva York, Barcelona, Rosario…
Si bien la mayoría de estos huertos se ubican en solares vacíos o subutilizados, cuando se trata de ciudades con alta densidad poblacional o escasez de suelo libre muchas veces se ubican en cubiertas horizontales o terrados que, a excepción de algunas instalaciones y construcciones auxiliares, se encuentran fuera de uso.

huerto_cajon

Huerto en contenedores, sin alterar la cubierta existente, sobre la terraza de edificios administrativos

La reutilización de cubiertas, terrazas y balcones como huertos urbanos habitualmente presenta menos inconvenientes de lo que se cree. En muchos casos no es necesario ni siquiera hacer modificaciones constructivas ni estructurales, ya que existen sistemas de cultivo montados sobre pequeños contenedores o cajones que, con una profundidad de tierra de unos treinta centímetros, permiten el crecimiento de la mayoría de las especies de porte pequeño, que son capaces de proporcionar gran parte de las frutas y verduras de la dieta habitual de las personas. El huerto, así organizado, no afecta en forma permanente al edificio porque puede ser removido y reubicado en caso de necesidad y, además, tampoco supone grandes compromisos de carga estructural gracias a que el sustrato vegetal utilizado es de baja densidad y, por otra parte, no toda la superficie de la cubierta se convierte en huerto, ya que también son necesarios espacios de circulación, almacenamiento, etc.

horts_urbans_w

Huertos urbanos en los distritos de alta densidad poblacional de Gràcia y L’Eixample. Horts de Barcelona

En muchos casos, las iniciativas de consolidación y creación de huertos urbanos ayudan a crear vínculos sociales nuevos y actividad económica renovada. En efecto, en sociedades con altas tasas de desempleo y envejecimiento poblacional, como la española, la dedicación a una actividad productiva que se realiza al aire libre y el trabajo compartido con otras personas crea lazos de relación e, incluso, colectivos que promueven la formación de pequeños mercados vecinales para dar salida a la producción. Se recupera el conocimiento tradicional sobre cómo gestionar huertos, muchas veces perdido por la interrupción de su transmisión entre distintas generaciones, y se ponen en marcha microemprendimientos que proporcionan empleo o, al menos, ingresos en forma de dinero y alimentos.

icta_interior_w

Proyecto de cubierta verde con huertos experimentales en el nuevo edificio ICTA/ICP de la Universidad Autònoma de Barcelona. HArquitectes y DatAE.

La extensión de los huertos urbanos no solamente supone mejoras sociales y económicas sino también ambientales. Y esto es tangible en la reducción de huella ecológica, que se mide en cantidad de suelo necesario para producir los recursos y absorber los residuos de los bienes y servicios demandados por la sociedad, de las personas que suplantan parte de los alimentos habituales por los de huerto urbano. Tal como explica Graciela Arosemena en su libro Agricultura Urbana, una dieta en parte vegetariana y local, respecto de una dieta convencional, integrada por alimentos de agricultura y ganadería industriales, transportados desde un origen lejano, envasados y en parte conservados en frío, implica una reducción de huella ecológica de alimentación cercana al 40% (cálculos hechos en Reino Unido). El aumento de la agricultura urbana, por otra parte, colabora en la autosuficiencia hortícola de las ciudades (o capacidad de alimentarse a sí misma), impulsando lo que se da en llamar ‘la comida de kilómetro cero, de temporada y origen orgánico’. Los beneficios de este cambio radican en la disminución de la energía y otros impactos ambientales causados por los fertilizantes y biocidas industriales, el transporte, la conservación en frío y embalaje y protección de los alimentos. Se trata de un concepto que puede medirse. La misma publicación indica que Toronto, Viena y La Habana, respectivamente, cubren el 10%, el 20% y el 80% de sus necesidades de frutas y verduras con la producción de sus huertos urbanos.