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Altura, volumen, densidad (parte II)

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Discontinuidad en las alturas y perfiles de edificios en el Passeig de Sant Joan, entre Diagonal y València, L’Eixample de Barcelona

En los años del boom de la construcción, es decir entre finales de 1990 y 2008, en España se apostó muy fuertemente por el crecimiento de las ciudades, extendiéndolas hacia sus periferias e, incluso, con urbanizaciones aisladas en medio de zonas agrícolas. Diversas publicaciones, como Nación Rotonda, Ruinas modernas o Cambio Global España 2020/50 Sector Edificación dan cuenta del extraordinario crecimiento de la superficie ocupada que antes era natural, la extensión de las redes de infraestructuras, el olvido de los edificios que han quedado en fase de obra, el riesgo social en el que se vive en las urbanizaciones a medio acabar y el alto impacto ambiental de este modelo urbanístico de baja densidad o, dicho de otra manera, de edificación de baja altura y dispersa.

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Dependencia del vehículo particular para los desplazamientos en urbanizaciones de baja densidad (Farr Associates)

Frente a ello, actualmente, muchas instituciones y actores del sector de la edificación proponen un modelo alternativo al de la expansión de la obra nueva, que se basa en la rehabilitación de los edificios existentes, la recuperación de la densidad poblacional perdida en áreas centrales y la mejora del equipamiento urbano. En dos de estos tres ejes, es decir en la mejora y completamiento de los edificios, trabaja La Casa por el Tejado detectando los edificios que aún pueden crecer, rehabilitándolos e incorporando áticos o casas en altura en sus terrazas sin uso.

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Roberto Ruedas y Joan Artés, en las oficinas de La Casa por el Tejado, comentando proyectos para fincas existentes

Construir sobre construido implica ciertas ventajas: no se ocupa suelo natural, se aprovechan las infraestructuras instaladas, se mejora la finca existente, se completa el perfil de las manzanas y, con un poco de esfuerzo, se puede reducir el consumo energético. Para ello, además de un modelo de negocio que lo haga posible, es necesario contar con edificabilidad vacante, es decir con edificios que no hayan agotado el volumen que la normativa les permite construir. O bien revisar las normativas, entendiendo que todas ellas pueden y deben ajustarse a las nuevas demandas sociales, como el acceso universal a la vivienda, la contención del cambio climático o equipamientos próximos y de calidad.

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Estudio de edificabilidad vacante (en verde) y excedida (en rojo), en una manzana de L’Eixample de Barcelona

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Posible sobreelevación en una manzana de L’Eixample (según normativa y tomando como alturas límite 25,75m y 29,07m)

Un artículo de la revista l’Informatiu, escrito por Josep Olivé, analiza algunas de las posibilidades que tendría una revisión de las normas urbanísticas –en este caso el Plan Metropolitano de Barcelona- cuando se las mira no desde el volumen teórico que supondrían las alturas, las profundidades, etc., de la edificación prevista en ellas sino desde la realidad construida, que en muchos casos es bien diferente. En efecto, L’Eixample presenta muchas discontinuidades en la edificación, levantada en épocas distintas y bajo normativas diferentes, por lo que aparecen vacíos en altura, retiros laterales o frontales, medianeras expuestas, alturas excesivas, edificios no completados, remontas de baja calidad, etc., que representan una oportunidad para la mejora paisajística, ambiental y funcional del entorno construido.

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Propuesta de regularización de alturas en Plaça del Doctor Letamendi 29, en L’Eixample, según el artículo de L’Informatiu

Un concurso reciente, denominado Illa Eficient y convocado por la Generalitat de Cataluña, el Ayuntamiento de Barcelona y la revista Habitat Futura, es un buen escaparate de las ideas que actualmente se debaten en torno a la rehabilitación energética de edificios que, en España y a diferencia de otros países como Reino Unido o Alemania, no acaba de arrancar pese a los esfuerzos de la administración y muchas instituciones del sector que aportan ayudas económicas, marco normativo, formación e información. El concurso plantea tres elementos novedosos y significativos: que las propuestas incluyan cómo llevar adelante las rehabilitaciones nos sólo desde el punto de vista técnico sino también social y económico, que la escala de actuación sea una manzana entera (de L’Eixample) involucrando a todos los vecinos en un proceso participativo y, finalmente, que el modelo de intervención propuesto sea replicable en otras manzanas, barrios y ciudades. La gran mayoría de los equipos ha planteado, entre otras cosas, no solamente la reinterpretación del uso de la cubierta, para alojar usos sociales, áreas verdes y energía renovable, sino también para extender verticalmente algunos edificios, tanto dentro de los límites actuales de la normativa como más allá, es decir planteándose su flexibilización o modificación, para que estas sobreelevaciones ayuden a financiar la mejora energética de la finca completa. Naturalmente, en todos los casos se ha estudiado que estos crecimientos no perjudiquen a los edificios vecinos –a los vecinos- y ayuden a la mejora del paisaje urbano a escala de la manzana.

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Gráfica del concurso Illa Eficient, rehabilitación energética a escala de una manzana de L’Eixample (Habitat Futura)

Todas estas iniciativas rescatan un modelo de ciudad tradicional, que parecía haber perdido vigencia en la segunda mitad del Siglo XX a partir de la gran difusión de las urbanizaciones de ciudad dispersa, impulsadas por la adopción del automóvil como medio preferente de movilidad. Pero, recientemente, la consideración del dinero y el tiempo invertidos en desplazamientos en coche, el conocimiento del mayor impacto ambiental que implican las infraestructuras y edificios en urbanizaciones aisladas, la preocupación por el aumento del consumo de suelo natural que pasa a ser ocupado por viales, viviendas y jardines, así como la revisión del modelo de vida con la escasa relación social que supone vivir en periferia trabajando en el centro, impulsan una vuelta a los entornos urbanos de densidad media, mezcla de usos, calidad en el espacio público, vida social integrada, equipamientos distribuidos… que permite disminuir el uso del coche y, con ello, reducir el consumo de energía y la contaminación asociada.

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Distancias máximas a los equipamientos urbanos, para fomentar los recorridos a pie (The Environmental Design Pocketbook)

Otro aspecto importante a tener en cuenta, por tratarse de un recurso actualmente escaso pero aún más en el futuro a causa del cambio climático, es la variación del consumo de agua según las urbanizaciones sean de alta o baja densidad. El Área Metropolitana de Barcelona, por ejemplo, sitúa el consumo doméstico por persona y día en unos 110 litros. Esta cifra, relativamente baja para una ciudad de densidad media-alta, puede multiplicarse por cuatro, por cinco, por seis, cuando se trata de áreas de edificios dispersos, debido al incremento del uso de agua en riego de jardines y llenado de piscinas. Además de la consideración ambiental, muy importante en un territorio con aumento de desertificación como España, cabe tener en cuenta que el agua tiene un precio creciente y que la curva de crecimiento de su valor de comercialización tiene una pendiente ascendente aún más acentuada que la energía. Algunos expertos señalan que el agua, en términos de la disputa que supone su posesión y control, puede considerarse como el petróleo del Siglo XXI.

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Urbanización de baja densidad, morfología construida y relación de costes de desarrollo (Sustainable Urbanism)

Por último, intervenir en áreas centrales para mejorarlas y recuperar la densidad originalmente prevista supone también revalorizar las urbanizaciones de mayor coste de inversión, es decir, aprovechar el gasto ya hecho en infraestructuras, edificios, equipamientos, servicios, para obtener el máximo partido de ellos. Una de las razones por las que la mayoría de las urbanizaciones que se realizaron en el último boom de la construcción son de baja densidad es su bajo coste y alta rentabilidad. Dicho en otras palabras, se invierte poco y se gana mucho, pero la otra cara de la moneda son los resultados negativos que surgen de ese tipo de ciudad (alto coste para la administración, impacto ambiental importante, vida socialmente desintegrada, desaparición de suelo agrícola, etc.) que van a la cuenta de la sociedad, de los ciudadanos, de las personas, vivan allí o no. Un estudio publicado en el libro Sustainable Urbanism: Urban Design With Nature, explica cómo el coste de urbanización, desde la baja hasta la alta densidad, puede crecer dos veces. La inversión hecha en el modelo de ciudad deseable, más elevada, debe ser optimizada. Mejorar y completar edificios es una forma de cambio positivo.

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Urbanización de alta densidad, morfología construida y relación de costes de desarrollo (Sustainable Urbanism)