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Edificios verdes y rentables

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Beneficios económicos de los edificios de bajo impacto ambiental, respecto de los convencionales (ERMS consultancy, Finland)

Suele decirse que la sostenibilidad en los edificios representa un coste adicional, algo así como un extra o un lujo por el que, ocasionalmente, alguien puede estar dispuesto a pagar. Solo así se podría llegar a tener un edificio que gaste menos energía, agua y materiales, que genere menos residuos y menos gases contaminantes, etc. No obstante, en los últimos años, una gran variedad de estudios demuestra otra cosa. Reducir los impactos ambientales de los edificios es económicamente viable, mediante criterios de diseño, selección de materiales, alternativas de instalaciones, etc., que hacen posible:
-Disminuir el coste de operación y mantenimiento, gracias a un menor gasto en energía, agua, etc.
-Elevar la productividad o el bienestar, puesto que los espacios son más saludables y confortables.
-Aumentar el valor de venta o alquiler de la propiedad, ya que goza de mayor calidad y prestigio.
-Reducir los  riesgos financieros, disminuyendo la repercusión del aumento del precio de la energía en el futuro (la electricidad, en España, ha subido un 15% anual en los últimos seis años).
Todos estos son beneficios para los propietarios o arrendatarios de edificios, pero también lo son para el conjunto de la sociedad, ya que al mismo tiempo que una vivienda ahorra energía disminuye su repercusión en el cambio climático, gracias a su reducción de emisiones de CO2.
Ya en 2003, un informe de California’s Sustainable Building Task Force, un organismo integrado por cuarenta agencias públicas de ese estado de EEUU, concluía que un aumento del 2% en el presupuesto de obra de un edificio, invertido en mejoras como las anteriores, obtiene un ahorro de un 20%  a lo largo de su vida útil, es decir diez veces la inversión inicial.

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Diferencias entre el coste real y supuesto en el proyecto y construcción de un edificio con calidad ambiental (The business case for green building. World Green Building Council)

Diez años después, en 2013, cuando la experiencia es mucho mayor y se ha extendido en todo el mundo, otro informe de World Green Building Council presenta investigaciones en que ratifican que los edificios de bajo impacto ambiental no necesariamente son más costosos, especialmente si desde un comienzo las estrategias que lo hacen posible se integran al proceso de proyecto. Si bien puede haber un coste adicional, en comparación con los edificios convencionales el recargo no es tan alto como se tiende a creer. Por otra parte, continúa el informe, a medida que los inversores y los residentes comprenden la importancia de los beneficios ambientales y sociales, suben los valores de alquiler y venta de los edificios que los tienen.
Pero eso no es todo. Un edificio que no se hace cargo de sus impactos ambientales, su elevado gasto energético por ejemplo, externaliza sus costes y hace que el resto de la sociedad tenga que pagar por ellos. En efecto, como la factura de energía no paga ni el total de lo consumido (de allí que existan déficits tarifarios), ni el coste de reposición de los combustibles fósiles empleados (gas natural, carbón, petróleo, etc.), ni el recambio de tecnología energética que se necesita para seguir disponiendo de energía en el futuro (lo que cuesta implantar las renovables, por ejemplo) ni, mucho menos, las consecuencias de la contaminación asociada a la generación y uso de la energía (pérdidas de biodiversidad, afectación a la salud de las personas, etc., por vertidos y emisiones contaminantes) alguien tiene que hacerlo, ahora o en el futuro. Un edificio que reduce estos problemas no solamente paga una factura menor, también evita que otros paguen por ella.

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Variación de los costes de construcción de los edificios de bajo impacto ambiental, según el tipo de proyecto (Busting the myth that green costs more green. J. Qualk, P. McCown)

Podría decirse que la introducción de mejoras ambientales en los proyectos de edificios tiene tres tipos de consideración económica. La clave está en cómo emplearlos y combinarlos.
Costes nulos: medidas que no cuestan más, como por ejemplo distribuir correctamente los espacios o las aberturas del edificio para que aprovechen la energía del sol.
Costes compensados: medidas que se implantan gracias a un ahorro, por ejemplo instalar grifos de bajo consumo de agua gracias a sustituir un revestimiento por otro más económico.
Costes adicionales: medidas que suponen una acción extra, cuyo beneficio no está reconocido en la formación del precio, como por ejemplo utilizar un material reciclado pero que es más caro.
La combinación de acciones de los tres tipos hace posible que el coste de construcción de un edificio de bajo impacto ambiental sea el mismo o bien entre un 2% y un 5% superior a la media. Estas decisiones impactan en el valor a largo plazo del edificio y en el retorno de la inversión, haciendo que su amortización sea posible en el término de cinco a diez años. Esto significa que resulta necesario establecer un enfoque de coste / valor para toda la vida, desde el diseño hasta la operación del edificio. Cuando no es así se puede pasar por alto este potencial, promoviendo edificios convencionales que no tienen capacidad de dar respuesta a cada vez más arrendatarios y propietarios que esperan acceder a ellos porque ya son sinónimo de buena calidad.

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Beneficios económicos y amortización de la inversión en la calidad ambiental de la edificación (Green buildings. A niche becomes mainstream, Deutsche Bank Research)

El impulso de la calidad ambiental de la edificación mediante certificaciones ya es un hecho a nivel mundial. En España, como en toda la Unión Europea, existe la Certificación energética obligatoria y, ocasionalmente, los edificios se someten a sistemas de certificación ambiental voluntarios. Pero en otros países de Europa se ha ido mucho más allá. Reino Unido dispone del Code for sustainable homes, una certificación ambiental oficial voluntaria, en Suiza es obligatorio el sistema Minergie, un estándar energético de bajo consumo, en Alemania los edificios públicos a construir o rehabilitar deben contar con la certificación DGNB, un sistema de evaluación ambiental de ciclo de vida. Muchos de los edificios que están reconocidos por estas certificaciones se encuentran recopilados en el proyecto europeo Construction21.
Y el mercado reconoce este valor. En España la hipoteca de Triodos Bank tiene en cuenta la eficiencia energética de la vivienda según su certificación (cada paso a una categoría superior conlleva una reducción del interés de entre 0,1 % y 0,2 % y, si se demuestran mejoras energéticas superiores, se aplica una disminución adicional). En Reino Unido, según un informe del Department of Energy and Climate Change  la eficiencia energética reconocida por la certificación ya es un factor clave en el precio de venta de la mayoría de las viviendas (respecto de la peor calificación G, las clase F y E valen hasta un 6% más, las D un 8%, las C un 10% y las B o A un 14%). En Rumania, Green Building Council está llegando a acuerdos para que los edificios que obtienen la máxima calificación en la certificación energética obligatoria y además una buena evaluación en una certificación ambiental voluntaria reconocida (LEED, BREEAM, DGNB, etc.) puedan obtener una reducción de hasta un 75% en algunos impuestos. En Líbano, el Banco Central rebaja los tipos de interés de créditos dedicados a la edificación en función de nivel de certificación ambiental que obtenga el edificio.